Cantabria y La Rioja intensifican la caza del lobo, en contraste con las anulaciones del Tribunal Supremo
Naturaleza

Cantabria y La Rioja intensifican la caza del lobo, en contraste con las anulaciones del Tribunal Supremo

Los gobiernos autonómicos de Cantabria y La Rioja han tomado medidas para intensificar la caza del lobo ibérico, a pesar de las recientes sentencias del Tribunal Supremo que anulan autorizaciones previas. Cantabria ha aprobado un nuevo plan que permite abatir hasta un 20% de la población lupina anualmente, mientras que La Rioja ha extendido los permisos para eliminar cuatro ejemplares fuera del calendario establecido. Estas acciones se desarrollan en un contexto de creciente conflicto entre las administraciones regionales y la justicia, que subraya la protección de esta especie.

El Tribunal Supremo ha emitido múltiples fallos que invalidan las autorizaciones de caza anteriores, sentando un precedente legal claro. Estas sentencias enfatizan que cualquier medida de control poblacional debe cumplir con condiciones estrictas, como la demostración de daños al ganado y la exhaustiva consideración de alternativas no letales. La jurisprudencia busca asegurar la conservación del lobo ibérico, requiriendo estudios poblacionales amplios y métodos de extracción selectivos, en lugar de cupos indiscriminados.

Disparidad de criterios: gestión regional frente a la jurisprudencia del Supremo

La postura de Cantabria y La Rioja contrasta marcadamente con las directrices establecidas por el Tribunal Supremo. Cantabria ha lanzado un Plan de Gestión del Lobo que autoriza la eliminación de hasta el 20% de la población anual, argumentando la necesidad de proteger al ganado. Por su parte, La Rioja ha aprobado la caza de cuatro lobos adicionales, más allá del período inicialmente autorizado. Estas acciones se justifican por las administraciones regionales como una respuesta al aumento de ataques al ganado, a pesar de que el Supremo ha insistido en la necesidad de pruebas contundentes y el agotamiento de otras alternativas antes de recurrir a la caza.

El Tribunal Supremo ha sido categórico al señalar que las autorizaciones para abatir lobos deben ser una medida de último recurso, precedida de un análisis riguroso de alternativas. Las sentencias han anulado permisos previos, como los concedidos a Cantabria en 2022 y el plan de control de Asturias 2022-2023, debido a la falta de cumplimiento de estas condiciones. La jurisprudencia subraya que la muerte del lobo solo es permisible si es la única solución viable para prevenir daños al ganado, siempre y cuando se demuestre un buen estado de conservación de la especie a nivel regional y se apliquen métodos de extracción selectivos, evitando la caza indiscriminada.

El lobo ibérico en el centro del debate: conservación y ganadería

La situación del lobo ibérico en España se encuentra en un punto crítico, con regiones como Cantabria y La Rioja priorizando la protección de la ganadería mediante la caza, mientras que el Tribunal Supremo aboga por una protección más estricta de la especie. Cantabria, con una población estimada de más de 200 lobos y 23 manadas, defiende que su nuevo plan busca la coexistencia, a pesar de permitir la eliminación de un porcentaje significativo de la población. Esta medida surge en respuesta a un incremento reportado de ataques al ganado, lo que ha llevado a las autoridades cántabras a considerar el estado de conservación del lobo como favorable, justificando así la gestión cinegética.

El enfrentamiento entre las comunidades autónomas y el Gobierno central se intensifica por las diferentes interpretaciones sobre el estado de conservación del lobo. Mientras las regiones "loberas" alegan que la población es estable y crece, justificando la necesidad de controles, el Gobierno central y las organizaciones ecologistas insisten en la falta de datos actualizados y la necesidad de revisar las cifras, especialmente tras los incendios recientes y las muertes autorizadas. Este debate subraya la complejidad de equilibrar la conservación de una especie protegida con los intereses económicos de la ganadería, en un marco legal que el Tribunal Supremo ha delineado de forma cada vez más restrictiva respecto a la caza del lobo.