Descubrimiento de un Cardonal Fósil de 312.000 Años en Tenerife: Claves de la Evolución Vegetal
Naturaleza

Descubrimiento de un Cardonal Fósil de 312.000 Años en Tenerife: Claves de la Evolución Vegetal

Un hallazgo sorprendente en la isla de Tenerife ha desenterrado un antiguo ecosistema vegetal fosilizado de cardones, que data de aproximadamente 312.000 años. Este descubrimiento, realizado en la localidad de Güímar por investigadoras de la Universidad de La Laguna, ofrece una ventana única al pasado botánico del sur de la isla. Los restos de cardones, encontrados en su posición original, han permitido a los científicos reconstruir la composición de la vegetación que cubría esta región hace milenios, brindando una perspectiva sin precedentes sobre la resiliencia y adaptación de las plantas canarias.

El yacimiento de Güímar se considera un suceso de gran relevancia a nivel mundial, debido a la inusual conservación de los tejidos de plantas suculentas. Generalmente, este tipo de flora, al carecer de una estructura leñosa robusta, presenta escasas posibilidades de fosilizarse. Sin embargo, en este caso, el material volcánico expulsado por el antiguo Edificio Cañadas, combinado con la acción del agua, creó las condiciones perfectas para preservar incluso las delicadas estructuras epidérmicas y las flores de los cardones. Esta excepcional conservación ha permitido un estudio detallado que revela no solo la morfología de estas plantas ancestrales, sino también las condiciones climáticas y geológicas predominantes en aquel periodo.

La erupción del volcán Edificio Cañadas, un coloso que dominaba el centro de la isla, fue el evento catastrófico que, paradójicamente, selló y protegió este tesoro botánico. Los estudios indican que esta erupción tuvo lugar durante la primavera, un detalle que se ha podido inferir gracias a la preservación de las flores de los cardones. La investigación, publicada en la revista científica "Review of Paleobotany and Palynology", destaca cómo este fenómeno natural transformó radicalmente el paisaje, pasando de un entorno dominado por cardones y elementos de bosque termófilo a uno caracterizado por tabaibas dulces en la actualidad. Este cambio se atribuye a la modificación del sustrato del suelo, que evolucionó de basáltico a sálico, favoreciendo el desarrollo de diferentes especies vegetales.

Este extraordinario descubrimiento no solo enriquece nuestro conocimiento sobre la historia natural de las Islas Canarias, sino que también subraya la vulnerabilidad de estos sitios ante el avance de la modernización. Actualmente, el lugar donde reposan estos fósiles carece de cualquier tipo de protección oficial, lo que lo expone a riesgos como la construcción de infraestructuras, incluido un parque eólico. Las científicas que han liderado este estudio, entre ellas María del Cristo Velasco Flores, advierten sobre la posible pérdida de este invaluable patrimonio si no se toman medidas urgentes. Proponen diversas alternativas para su salvaguarda, como la creación de un "paleoparque" o su designación como Monumento Natural, buscando así asegurar la preservación de este excepcional registro de la vida antigua.

Este yacimiento paleontológico es un testimonio tangible de la interacción entre la geología y la biología, mostrando cómo las erupciones volcánicas no solo destruyen, sino que también pueden ser agentes de una conservación milagrosa. La capacidad de reconstruir la vegetación de hace más de trescientos mil años a partir de estos fósiles de plantas suculentas, una rareza en el registro geológico, refuerza la necesidad de comprender y proteger nuestro pasado natural para informar las estrategias de conservación futuras.