

El reciente estudio de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) resalta una preocupación crítica: el progreso económico global se ha logrado a expensas de una masiva degradación de la biodiversidad. Esta situación ha generado un riesgo generalizado que impacta directamente la estabilidad económica, el sistema financiero y el bienestar de las personas. El informe enfatiza que las actividades empresariales tienen un efecto significativo en el entorno natural, y a su vez, la existencia misma de estas depende intrínsecamente de la salud de los ecosistemas.
El informe titulado “Empresas y Biodiversidad”, fruto de la labor de 79 expertos de 35 países a lo largo de tres años, fue ratificado por más de 150 naciones en la sesión plenaria de IPBES en Mánchester, Reino Unido. Desde su creación en 2012 bajo el amparo de la ONU, el IPBES tiene como misión proveer a los responsables de la toma de decisiones con análisis científicos imparciales sobre el estado de la naturaleza y sus repercusiones en la sociedad. Este documento específico profundiza en la conexión vital entre las corporaciones y la biodiversidad, ofreciendo directrices para que las empresas evalúen su huella ecológica y adopten medidas que minimicen su impacto. El objetivo es evitar que el planeta alcance puntos de no retorno, lo que pondría en peligro a toda la humanidad.
Según el documento, existe una percepción errónea de que ciertas empresas, aparentemente distantes del ámbito natural, no tienen una conexión directa con ella. Sin embargo, el estudio subraya que todas las compañías, de manera explícita o implícita, dependen de los recursos y servicios que la naturaleza ofrece. Esto abarca desde las materias primas esenciales para la producción hasta los espacios que posibilitan el turismo, el ocio, la educación, así como los valores espirituales, estéticos y culturales que los entornos naturales proporcionan.
La copresidenta de IPBES, Ximena Rueda, destacó en un comunicado que el objetivo primordial era evidenciar la dependencia empresarial de la naturaleza, un aspecto menos reconocido que el impacto que las empresas ejercen sobre ella. Explicó que la falta de valoración adecuada de esta dependencia ha contribuido a que los impactos negativos no se gestionen eficazmente, lo que a su vez amenaza a toda la sociedad. Vanesa Rodríguez Osuna, una de las autoras principales, añadió que el informe busca ofrecer herramientas a las empresas para entender su relación con la naturaleza, evaluar su impacto y dependencia, y conocer métodos efectivos para reducir su huella ecológica.
Rueda enfatiza que, aunque las estrategias de cambio varían según la industria y el tipo de empresa, un paso crucial para todas es identificar sus dependencias e impactos a lo largo de toda su cadena de valor, no solo en sus operaciones directas. Tras esta evaluación, deben priorizar las acciones, ya que no es factible abordar todos los cambios simultáneamente. Por ejemplo, una empresa cuyo mayor impacto es el consumo de agua no lograría un cambio significativo si solo se enfoca en reemplazar bombillas por unas más eficientes, un mensaje clave que el informe busca transmitir.
El informe también subraya que las empresas por sí solas no pueden lograr la transformación necesaria para frenar y revertir la pérdida de biodiversidad. La colaboración entre empresas, gobiernos, entidades financieras y la sociedad civil es fundamental para construir un entorno que fomente un futuro equitativo y sostenible. Se requieren marcos legales que envíen señales claras e incentivos para el cambio, como la eliminación de subsidios a actividades perjudiciales para la naturaleza. Además, se destaca la importancia de integrar el conocimiento de las poblaciones indígenas y comunidades locales, considerándolos socios esenciales en la gestión y conservación, ya que poseen saberes ancestrales que pueden aportar soluciones innovadoras y beneficios sociales y económicos a las regiones. Se revela que un alarmante 60% de las tierras indígenas se encuentra bajo la amenaza del desarrollo industrial, y el 25% sufre una intensa presión por la explotación de recursos.
Finalmente, las instituciones educativas, especialmente las universidades y escuelas de negocios, juegan un rol crucial en la formación de futuros líderes empresariales. Es vital integrar el conocimiento científico con la gestión empresarial para inculcar una mentalidad que promueva la sostenibilidad como un componente fundamental del éxito. La decana de una facultad de administración colombiana señaló que los jóvenes emprendedores actuales están motivados por crear empresas con propósito, buscando que el capitalismo funcione para el bien común. Se enfatiza la necesidad de recuperar la visión de la administración como una disciplina de servicio a la sociedad, redefiniendo el éxito empresarial para incluir un impacto positivo en el planeta y sus habitantes.
