

Cientos de especies de peces migratorios de agua dulce se enfrentan a un riesgo inminente de desaparición. La degradación de sus hábitats naturales, la contaminación de los cuerpos de agua, la práctica de la sobrepesca y los efectos adversos del cambio climático global están empujando a estas poblaciones hacia un declive crítico. Estos peces son vitales no solo para el equilibrio ecológico de los ríos, sino también como fuente de alimento para millones de personas en diversas partes del mundo. La comunidad internacional, a través de organismos como la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) de las Naciones Unidas, ha emitido una llamada urgente a la acción coordinada y transfronteriza para evitar esta catástrofe ambiental.
El reciente estudio de la CMS subraya que las especies de peces migratorios de agua dulce se encuentran entre las más amenazadas del planeta. La evaluación, divulgada durante la decimoquinta conferencia de la convención (COP15) en Brasil, revela que las poblaciones de estos peces han sufrido una drástica reducción del 81% desde 1970. Además, casi el 97% de las especies registradas en la CMS enfrentan una amenaza de extinción. Entre las causas principales de este descenso se identifican las barreras artificiales en los ríos, como presas y azudes, que impiden sus movimientos migratorios esenciales. La contaminación hídrica, la explotación pesquera excesiva y las alteraciones en los ecosistemas inducidas por el calentamiento global agravan la situación. Muchas de estas especies requieren de extensos corredores fluviales ininterrumpidos para completar sus ciclos de vida, conectando zonas de apareamiento, alimentación y crecimiento. La interrupción de estas rutas debido a infraestructuras o cambios hidrológicos conduce a un rápido deterioro de las poblaciones.
El informe detalla la situación crítica de 325 especies que dependen de acciones conjuntas entre naciones. De estas, 205 se encuentran en Asia, 55 en América del Sur, 42 en África, 50 en Europa y 32 en América del Norte, con algunas presentes en múltiples continentes. Las cuencas fluviales prioritarias para la implementación de medidas de conservación incluyen el Amazonas y La Plata–Paraná en América del Sur, el Danubio en Europa, el Mekong en Asia, el Nilo en África y el Ganges–Brahmaputra en India. Para mitigar esta crisis, el documento propone estrategias como la salvaguarda de corredores migratorios, la garantía de caudales ambientales, el desarrollo de planes de acción a nivel de cuenca y un monitoreo transfronterizo continuo. También se enfatiza la gestión coordinada de las pesquerías estacionales. El río Amazonas, aunque aún es un refugio crucial, está bajo una creciente presión de desarrollo. Un caso de estudio adjunto identifica 20 especies migratorias en la Amazonía, como el bagre dorado, que cumplen los criterios para ser incluidas en el Apéndice II de la CMS, destacando su importancia económica y ecológica. Estas especies representan una porción significativa de las capturas pesqueras amazónicas, con un valor estimado de 436 millones de dólares anuales.
La protección de los peces migratorios de agua dulce exige un enfoque integral y una colaboración internacional sin precedentes. La evaluación de 15,000 especies y más de 250 ríos transfronterizos y lagos en todo el mundo subraya la urgencia. Los peces diádromos, que conectan ríos y mares, y los potamódromos, que migran dentro de las aguas continentales, son ejemplos de la vasta diversidad y la complejidad de estos patrones migratorios. Preservar estas especies no es solo una cuestión de biodiversidad, sino también de asegurar la sostenibilidad de los ecosistemas acuáticos y los medios de vida de innumerables comunidades.
