

Las dunas milenarias de Matalascañas, un tesoro natural y arqueológico en el corazón de Doñana, se encuentran en una situación crítica. La asociación El Burrito Feliz ha expresado su profunda preocupación por el creciente deterioro de este ecosistema, atribuido a la erosión marina, a intervenciones humanas perjudiciales y a la ausencia de una planificación técnica sólida a largo plazo. El avance implacable del mar ya ha causado la destrucción de infraestructuras esenciales y amenaza directamente a zonas residenciales y servicios básicos, intensificando la alarma ante la ineficacia de las medidas implementadas.
La presión urbanística y el auge del turismo a lo largo de décadas han sido factores clave en la degradación de este entorno. El flujo constante de visitantes, el uso intensivo de las playas y la cercanía de edificaciones han alterado drásticamente la dinámica natural de las dunas, lo que ha provocado una significativa pérdida de la vegetación que las estabiliza y ha acelerado los procesos erosivos. A esta compleja situación se suman los impactos del cambio climático, manifestados en el aumento del nivel del mar y en la creciente frecuencia e intensidad de los temporales, que exacerban la vulnerabilidad de este frágil ecosistema costero. La advertencia de la asociación destaca la urgencia de adoptar un enfoque más estratégico y menos superficial para abordar la crisis que afecta a este patrimonio natural.
La asociación El Burrito Feliz (EBF) denunció, el pasado martes, la situación “insostenible” de las dunas milenarias de Matalascañas, en Almonte (Huelva), ubicadas dentro del parque natural de Doñana. Este lugar es de vital importancia, ya que en él se han descubierto las huellas del Pleistoceno más antiguas conocidas a nivel global. El presidente de EBF, el ambientalista Luis Bejarano, señaló que desde hace años se han documentado “acciones agresivas” contra estas dunas, incluyendo la apertura de senderos para el paso de caballos de una empresa privada, la presencia de construcciones abandonadas que afean el paisaje, y el preocupante avance del mar, que ya ha devastado el paseo marítimo de Matalascañas y pone en peligro tanto viviendas como la depuradora local.
Las escenas de destrucción del paseo marítimo y la desaparición de establecimientos costeros son, según la EBF, el resultado de la acción ineludible de un mar que “avanza sin que nada parezca detenerlo”. Bejarano enfatiza que, aunque no se puede “poner puertas al mar”, sí es posible “ralentizar su avance”. Para ello, la organización ambientalista insiste en la necesidad de terminar con el “lamentable espectáculo de políticos —la mayoría de ellos sin la menor cualificación o conocimiento en estos temas— que utilizan el populismo para presentarse como los salvadores de Matalascañas”.
Según Bejarano, lo que se requiere urgentemente son “personas cualificadas y técnicos con experiencia que lideren un plan de soluciones para el deterioro de estas dunas milenarias, un plan que trascienda el uso de este evento natural como una herramienta para captar votos”. La primera medida, según él, debería ser “considerar la posibilidad de abandonar las acciones de urgencia de cara a la galería, que solo servirán para malgastar millones de euros de fondos públicos y que, probablemente, solo durarán hasta que el oleaje decida manifestarse con una nueva borrasca”.
Es imperativo implementar soluciones técnicas que permitan a Matalascañas y a sus dunas milenarias afrontar el avance del mar con una perspectiva a muy largo plazo. La situación de estas dunas milenarias es un claro ejemplo del delicado equilibrio entre el desarrollo humano y la necesidad de conservación. Protegerlas no solo es una cuestión de responsabilidad ambiental, sino también una inversión en la seguridad costera, en la identidad cultural de la región y en un futuro más sostenible. En el corazón de Doñana, la conservación de este invaluable sistema dunar se erige como un desafío fundamental para las próximas décadas, que exige la atención y el compromiso de todos.
