

La borrasca atlántica Therese ha llegado a España este 18 de marzo, provocando un giro notable en las condiciones climáticas del país tras varios días de estabilidad. Este fenómeno meteorológico traerá consigo un aumento de las precipitaciones, intensas rachas de viento y fluctuaciones térmicas, con un impacto más pronunciado en las Islas Canarias y el suroeste peninsular.
En el archipiélago canario, se esperan lluvias generalizadas con acumulaciones que podrían superar los 15 o incluso 35 litros por metro cuadrado en pocas horas, especialmente en las laderas norte de islas como La Palma, Tenerife y Gran Canaria. Los vientos serán particularmente fuertes, con ráfagas que podrían alcanzar hasta 80 km/h y superar los 90 km/h en las zonas más elevadas. Las temperaturas en estas áreas descenderán, acercándose a los 0 °C, lo que aumenta el riesgo de heladas débiles durante la madrugada.
Por otro lado, en la Península y Baleares, la situación se mantendrá más estable durante las primeras horas, con cielos predominantemente nubosos o parcialmente nublados, especialmente en el este. No obstante, la influencia de la borrasca se sentirá progresivamente, con un aumento de la nubosidad desde el suroeste a medida que avance el día. Andalucía occidental y Extremadura serán las primeras regiones peninsulares en recibir las lluvias, con chubascos que podrían dejar entre 5 y 20 litros por metro cuadrado, acompañados localmente de tormentas. También se prevén precipitaciones en el área del Estrecho y el mar de Alborán, mientras que en el Pirineo oriental podrían aparecer chubascos aislados por la tarde. Las temperaturas máximas experimentarán un descenso generalizado, con bajadas de hasta 3 grados en ciudades como Madrid y Sevilla, aunque se mantendrán más estables en el nordeste. Las mínimas, en cambio, subirán ligeramente en gran parte del interior, especialmente en el Cantábrico oriental. Además, la presencia de calima afectará el sur peninsular y las Canarias, disminuyendo la visibilidad y la calidad del aire.
La llegada de la borrasca Therese marca un regreso a condiciones más propias del final del invierno, con una mayor inestabilidad, lluvias, viento y descensos de temperatura en gran parte del territorio español, preparándonos para un período de clima más dinámico y variable. La interacción de estos elementos meteorológicos nos invita a reflexionar sobre la constante evolución de nuestro entorno y la necesidad de adaptarnos a los cambios que la naturaleza nos presenta.
