La agricultura convencional daña la capacidad del suelo para retener agua y agrava las sequías extremas
Naturaleza

La agricultura convencional daña la capacidad del suelo para retener agua y agrava las sequías extremas

Un estudio reciente ha sacado a la luz que la agricultura intensiva está minando la capacidad natural de la tierra para retener el agua, un factor clave en el empeoramiento de las sequías. Tradicionalmente, se ha atribuido la escasez de agua a factores climáticos, pero esta investigación, publicada en la revista Science, pone de manifiesto que el problema podría estar literalmente bajo nuestros pies. La labranza profunda y la compactación del suelo por maquinaria pesada, prácticas comunes en la agricultura moderna, destruyen la red de poros que permite al suelo actuar como una esponja natural. Este deterioro estructural impide que el agua de lluvia penetre y se almacene en las capas más profundas, donde las raíces de las plantas la necesitan durante los períodos secos. Los científicos alertan sobre la necesidad de replantear los métodos de cultivo para preservar la salud del suelo y su vital función en el ciclo del agua.

El estudio, presentado en Science el 19 de marzo de 2026, empleó una técnica innovadora que transforma cables de fibra óptica, comúnmente utilizados para internet, en un sistema de monitoreo subterráneo. Esta 'agrosismología' permitió a los investigadores observar en tiempo real el movimiento del agua dentro del suelo. Los resultados fueron contundentes: en los terrenos más cultivados, el agua se estanca en la superficie y se evapora rápidamente, dejando las capas inferiores resecas. Por el contrario, en suelos menos intervenidos, el agua se filtra eficazmente, nutriendo las raíces y mitigando tanto las inundaciones como las sequías.

A primera vista, el suelo parece una simple amalgama de arena, limo y arcilla. Sin embargo, su complejidad interna es comparable a un sistema de 'fontanería microscópica', compuesto por una intrincada red de poros y canales. Estos pasajes, formados por raíces, lombrices y estructuras agregadas, son esenciales para la infiltración y el almacenamiento del agua. Un suelo sano con una red de poros intacta actúa como un regulador natural, disminuyendo la escorrentía durante las lluvias torrenciales y conservando reservas hídricas para los periodos de sequía. Cuando esta red se degrada, el agua superficial permanece estancada y el suelo se endurece, perdiendo su capacidad reguladora.

Para llevar a cabo esta investigación pionera, el equipo científico instaló cables de fibra óptica en parcelas de una granja experimental afiliada a la Universidad Harper Adams, en el Reino Unido. La técnica, conocida como 'detección acústica distribuida' (DAS), registra las microdeformaciones del cable, interpretándolas como vibraciones del terreno. La lógica es que las propiedades del suelo cambian al mojarse, alterando la velocidad de las ondas sísmicas. Este método, denominado por los autores como 'agrosismología', permite diagnosticar la salud del suelo sin necesidad de excavar, ofreciendo una herramienta invaluable para la toma de decisiones agrícolas.

Un hallazgo sorprendente fue que, aunque el arado se utiliza para 'airear' el suelo, también puede romper los microcanales vitales para la filtración del agua. Esto explica por qué en los suelos muy trabajados, la lluvia tiende a acumularse en la superficie. Si el agua no puede penetrar en profundidad, el sol la evapora rápidamente, dejando las capas inferiores sin la recarga necesaria para sostener los cultivos en épocas de sequía. Este fenómeno se manifiesta en la observación de una capa superficial de barro que oculta un subsuelo duro y seco.

En contraste, en los suelos que han sido menos alterados, el agua se infiltra con mayor facilidad y se almacena en las profundidades. Esta diferencia es crucial, ya que ayuda a reducir la escorrentía durante lluvias intensas y a mantener un 'depósito' accesible para las raíces en períodos secos, lo que se traduce en una mayor resiliencia de los cultivos. Este comportamiento diferenciado del suelo pone de manifiesto la importancia de su estructura y de las fuerzas capilares, que determinan cómo se comporta el agua en cada momento.

Los científicos explican este fenómeno a través de un modelo de 'tensión capilar dinámica', inspirado en el 'efecto tintero'. Este concepto describe cómo el agua puede entrar fácilmente en un poro con una abertura estrecha y una cavidad más ancha, pero le cuesta salir. En palabras del Dr. Shi, el suelo no es solo un conjunto de partículas, sino un medio poroso cuya estructura funciona como los vasos capilares en el ciclo del agua. Si estos 'vasos' se rompen, la eficiencia del sistema hídrico del suelo disminuye drásticamente.

Estos descubrimientos tienen importantes implicaciones para la agricultura y para todos los consumidores de alimentos. La gestión del suelo emerge como una herramienta fundamental en la adaptación al cambio climático, tan crucial como la elección de semillas o los sistemas de riego. El estudio sugiere que la clave está en minimizar la perturbación del terreno y evitar la compactación cuando el suelo está húmedo, permitiendo que el agua fluya y se almacene de manera óptima. La tecnología de fibra óptica abre nuevas vías para monitorear la humedad del suelo en tiempo real, lo que podría ayudar a los agricultores a identificar problemas de compactación, erosión o encharcamiento, y a tomar decisiones informadas para un manejo más sostenible de los recursos hídricos en un clima cada vez más desafiante.