

Desde el sur de España, un equipo científico del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea 'La Mayora' (IHSM, UMA-CSIC) en Málaga ha logrado un avance notable en el desarrollo de un bioplástico innovador, utilizando celulosa y cera de abejas. Este material de vanguardia promete transformar el sector del envasado de alimentos gracias a sus extraordinarias capacidades para proteger contra la oxidación, la humedad y la pérdida de frescura. Sus posibles usos son amplios, desde la preservación de frutas y verduras ya preparadas hasta la conservación de frutos secos que suelen enranciarse rápidamente, o productos horneados que necesitan conservar su textura crujiente.
La esencia de este compuesto se basa en una cuidadosa fusión de celulosa, la fibra vegetal que proporciona rigidez a las plantas, con glicerol, un líquido transparente y espeso derivado de aceites vegetales que funciona como plastificante, aportando la maleabilidad necesaria. La aportación más significativa de este estudio radica en la inclusión de cera de abejas en diversas cantidades dentro de esta base. El resultado son láminas finas, transparentes y, lo más importante, completamente biodegradables, según ha divulgado la Fundación Descubre. Las pruebas de laboratorio confirmaron que el material resultante exhibe un rendimiento similar al del polietileno, un plástico común derivado del petróleo, ampliamente utilizado en la fabricación de envases, bolsas y botellas.
Este descubrimiento representa un hito fundamental en la búsqueda de alternativas de envasado respetuosas con el planeta. La investigación, que ha involucrado a destacados expertos de instituciones como el Instituto de Ciencia de Materiales de Sevilla y el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón, entre otros, da continuidad a estudios previos donde se consiguió un bioplástico de celulosa y glicerol con flexibilidad y resistencia mejoradas, aunque con limitaciones en sus propiedades de barrera. La incorporación estratégica de cera de abejas, un aditivo alimentario natural, resolvió este desafío, superando la inherente dificultad de combinar un material hidrofóbico como la cera con la celulosa, que absorbe agua.
La metodología empleada, conocida como drop-casting, permitió la creación de las láminas de bioplástico al disolver por separado la celulosa con glicerol y la cera de abejas en cloroformo, para luego mezclar y secar lentamente ambas soluciones. El equipo ajustó gradualmente la proporción de cera de abejas, observando que una concentración inferior al 5% optimizaba las propiedades de barrera contra el vapor de agua y el oxígeno, además de aumentar la resistencia a grasas y aceites. Aunque las láminas con cera mostraron una ligera disminución en flexibilidad y resistencia mecánica en comparación con las de celulosa y glicerol puro, sus valores se mantuvieron competitivos frente al polietileno, demostrando que el 5% de cera de abejas es la proporción ideal para un rendimiento óptimo.
Esta innovación resalta el potencial de la ciencia y la investigación para abordar los desafíos ambientales contemporáneos. El desarrollo de este bioplástico no solo ofrece una alternativa viable y superior a los plásticos tradicionales, sino que también fomenta una economía circular y una relación más armoniosa con la naturaleza. Es un recordatorio de que la dedicación al conocimiento y la sostenibilidad puede conducir a soluciones prácticas que benefician a la sociedad y al medio ambiente, impulsando un futuro más limpio y próspero para todos.
