

Una nueva investigación desvela un sorprendente papel del humo derivado de los incendios tropicales: actúa como fertilizante natural para la inmensa selva amazónica, al enriquecerla con fósforo, un elemento químico indispensable para el desarrollo vegetal. Este aporte inesperado tiene la capacidad de mitigar, al menos en parte, la reducción de carbono causada por la deforestación y los propios fuegos. Los resultados de este estudio son fundamentales para la elaboración de pronósticos más precisos sobre la capacidad de los bosques tropicales para almacenar carbono en el contexto actual de cambio climático.
El descubrimiento de un ciclo inesperado de nutrientes en la Amazonía
El 13 de enero de 2026, una investigación pionera, publicada en Nature Geoscience y liderada por la Universidad de Amberes en colaboración con el CREAF y el CSIC, reveló cómo el humo de los incendios tropicales puede desempeñar un rol imprevisto pero crucial para la salud de la selva amazónica. Aunque los incendios liberan grandes volúmenes de carbono a nivel local, el humo resultante, al ser transportado por el viento, deposita fósforo a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia. Este fósforo es un nutriente limitante para la vegetación tropical, lo que significa que su escasez restringe el crecimiento de las plantas.
Adriá Descals, autor principal del estudio e investigador Marie Curie, explicó que la presencia adicional de fósforo en el humo promueve un aumento significativo en la fotosíntesis y el desarrollo de nuevas hojas. Esto permite a los árboles absorber de manera más eficiente el dióxido de carbono atmosférico. La investigación detalla que cada miligramo extra de fósforo por metro cuadrado se traduce en un incremento anual promedio de 7.4 gramos de carbono almacenado. A pesar de que este efecto es considerable debido a la magnitud de la cuenca amazónica, no logra compensar por completo las emisiones ni las pérdidas ecológicas causadas por la deforestación y los incendios.
Para realizar este estudio, el equipo científico analizó 20 años de datos satelitales (2001-2021), incluyendo indicadores de actividad fotosintética de la vegetación, junto con mediciones de campo y modelos atmosféricos que simulan el desplazamiento del humo a largas distancias. Estos análisis revelaron un patrón claro: las áreas de selva virgen que reciben más humo presentan una mayor productividad. Los incendios, predominantemente concentrados en el “arco de la deforestación”, en el sur de la Amazonía, donde la tala de árboles y el uso del fuego para la conversión de tierras en campos agrícolas se intensifican durante la época seca, son la fuente principal de este fenómeno. Los aerosoles con fósforo presentes en el humo son arrastrados por el viento hacia el interior de la selva, donde se depositan a través de la lluvia y las cenizas, siendo posteriormente absorbidos por las raíces y hojas de las plantas.
Esta investigación nos insta a reconsiderar la compleja dinámica de nuestros ecosistemas, revelando que incluso elementos aparentemente perjudiciales, como el humo de los incendios, pueden tener efectos bifacéticos. Este hallazgo subraya la necesidad de un enfoque holístico en la conservación y en la gestión ambiental, reconociendo que los sistemas naturales están interconectados de maneras que apenas empezamos a comprender. También nos recuerda la importancia de la investigación científica para desvelar estas complejas interacciones, fundamentales para abordar los desafíos del cambio climático y proteger la biodiversidad de nuestro planeta.
