La ecoansiedad, si bien no se clasifica como un trastorno formal en los manuales de psicología y psiquiatría, ejerce un impacto considerable en la salud mental de las personas. Según el doctor Joaquín Mateu Mollá, este fenómeno psicológico nace de lo que él denomina la "trampa psicológica del perfeccionismo verde". Se manifiesta especialmente en individuos de 16 a 25 años, aunque también afecta a otros grupos etarios con una sensibilidad ambiental elevada. Paradójicamente, quienes más sufren son precisamente aquellos que se esfuerzan por evitar un mayor deterioro del planeta. Mateu Mollá, psicólogo clínico y de la salud de la Universidad Internacional de Valencia, critica la imposición de expectativas excesivamente rígidas e inalcanzables que conducen a la frustración. Su recomendación es cultivar la autocompasión y aceptar que no siempre es posible cumplir a la perfección con un consumo totalmente responsable.

La propagación de la ecoansiedad está intrínsecamente ligada a lo que Mateu denomina la "trampa de la responsabilidad individual". Un ejemplo paradigmático de esta dinámica es la campaña 'Crying Indian' (El Indio Llorón) de la organización ecologista Keep America Beautiful, lanzada en 1971. Este anuncio, protagonizado por un actor que interpretaba a un nativo americano lamentando la contaminación, aunque impactante, tuvo una consecuencia imprevista: desvió la responsabilidad de la contaminación de las grandes corporaciones hacia los ciudadanos. El experto subraya que las empresas son las principales generadoras de residuos, con un 70 u 80% de la producción global, minimizando el impacto individual en comparación. Además, la disonancia cognitiva, descrita por Leon Festinger, y la indefensión aprendida, teorizada por Martin Seligman, contribuyen a esta problemática. La contradicción entre la inevitabilidad del cambio climático y la idea de que los ciudadanos individuales pueden revertirlo genera un profundo malestar, así como la sensación de que, por mucho que se intente, el resultado negativo es ineludible.

Para mitigar la ecoansiedad, se propone un enfoque que va más allá de la acción individual. El doctor Mateu sugiere desviar la atención de la culpa individual hacia una responsabilidad social colectiva, donde las grandes empresas y los países de alto consumo jueguen un papel preponderante. Además de promover el autocuidado y la autocompasión, se incentiva la participación activa en organizaciones no gubernamentales y colectivos que impulsan políticas ambientales eficaces. Es fundamental reconocer que el desafío ambiental es un problema sistémico que requiere soluciones integrales, más allá de las acciones personales. Asumir una perspectiva más tranquila y colaborativa frente al cambio climático puede prevenir la aparición de trastornos emocionales, como la ansiedad y la depresión, y fomentar un compromiso más constructivo y esperanzador con el futuro del planeta.

Enfrentar los desafíos ambientales con una perspectiva equilibrada y un compromiso colectivo es esencial para construir un futuro sostenible. La autocompasión y la acción consciente, lejos del perfeccionismo paralizante, nos permiten contribuir de manera efectiva, fortaleciendo nuestra resiliencia y promoviendo una esperanza activa en la protección de nuestro entorno.